miércoles, 16 de febrero de 2011

Anticristo, de Lars Von Trier



No se si alguien ha subrayado alguna vez antes de ahora que una de las principales características de la vida es su aislamiento. Si no tenemos una película de carne que nos envuelva, morimos. El ser humano existe sólo en la medida en que está separado de lo que lo rodea. El cráneo es el casco del viajero espacial. El que se sale de él, perece. La muerte es desnudamiento; la muerte es comunión. Puede que mezclarse con el paisaje sea maravilloso, pero hacerlo supone el punto final para nuestro tierno YO.

Fragmento de Pnin, de Vladimir Nabokov

Hubo una época donde yo tenía la certeza (certeza de esas que uno jura por Buda, por Jesús, o por algún que otro personaje santo, bíblico o mítico; ya que en coherencia con el no poseer evidencia empírica de la veracidad de la afirmación, no lo podés jurar por ninguna otra cosa que exista de verdad) de que Von Trier era un director que encajaba completamente en aquel viejo y conocido lugar común, ocupado por aquellos que juegan desesperadamente con lo morboso, con lo extremo, con lo grotesco de la imagen por el sólo hecho de incomodar al espectador ("sí pero la idea es que lo lleve a un interrogante") y con esto lograr de alguna forma lo que podríamos sintetizar como un 2 x 1: "de paso los espectadores salen diciendo que la película es fuertísima, me la publicitan por todos lados y yo me hago fama de ser un director dificil de digerir, aprovechando que hoy en día la tendencia a la crudeza de la imagen y el desprecio por las sutilezas alcanzan límites insospechados" (como Galicia nunca está lejos, aclaro: la cita es hipotética). Para conocer más al respecto de este tipo de directores recomiendo ver el cine de Gaspar Noé, alguna de Aronofsky, y otros por el estilo.
Pues bien, tengo que confesar que aunque ese período de intolerancia hacia el cine de este hombre no fue necesariamente superado y aunque quizás me cueste dar una visión objetiva ya que, en una palabra, jamás me agradó su cine; no puedo tampoco afirmar que la película en cuestión se encargó, en base a su argumento, su trabajo de montaje, fotografía, actoral, y demás; a desmitificarme por completo la suposición anterior, pero tampoco lo opuesto. Anda por ahí en el medio.
Pero ahora bien, dejando esto un rato de lado, en una palabra, me fui de la sala diciendo: "pucha que podría a ver sido tremendo papelón". En efecto, Anticristo es una película cuyo núcleo establece un planteo a todas luces innovador acerca de la conocida, pero no por ello vieja, ni tampoco devenida en cliché, pues es el tema base de nuestra existencia y siempre habrá algo que decir a su respecto; dualidad del ser humano: la lucha entre el Apolo y el Dionisos, la oposición del hombre frente a la naturaleza, el eterno conflicto que esto envuelve y como además, y justamente acá es donde radica el punto más fuerte y logrado del film, como es que esto mismo no sólo debe ser leído en cuanto que Hombre como ente universal, cultural, civilizado en contradicción, en constante oposición a la Naturaleza, el reino de lo salvaje, de lo primitivo, de lo caótico; sino también como hombre en cuanto que ente separado de la mujer y viceversa. O dicho de otra forma (para que no salten las FUU [Feministas Universales Unidas (?)]) como el encuentro entre el ser humano y la naturaleza no puede ser siempre leído en términos genéricos, es decir, tomar al Hombre como ente universal que engloba también a la mujer, más allá de que esto sea una simple formalidad gramática, ya que induce a pensar este encuentro bajo un mismo punto de partida; mientras que, y justamente aquí radica el planteo principal de la película, este mismo encuentro y, por ende, esta misma contradicción entre lo humano y lo natural pueden verse además de forma distinta tanto del hombre como de la mujer.
Así, de alguna forma, Von Trier nos presenta como únicos personajes una mujer y un hombre que, mostrado en una magnífica intro filmada a lo "Seduction in Black" de Antonio Banderas o algún otro perfume por el estilo (justamente lo bueno de la secuencia es que logra, a pesar de toda su exagerada belleza pictórica, dar cuenta del evento trágico que se avecina en cada uno de los planos. Recomiendo ver con mucha atención) pierden a su hijo en un descuido (se cae por la ventana) mientras están consumando el acto sexual. Y ahora permitanme por un momento, por favor, sepan comprender, pensar en "voz alta": Ay la re puta...! ¿Por qué no decidiste cortarla ahí querido Lars? ¿Por qué en vez de 2 hs de tortura y mutilación fálica que por poco terminan en una pseudo película de terror de seres poseídos por el demonio, no decidiste hacer un corto magistral que de alguna forma resume metafóricamente la eterna contradicción a la que el ser humano está expuesto a lo largo de toda su existencia? ¿por qué Lars? Por qué? ¿Acaso nunca escuchaste la frase "cortar por lo sano"? Mirá que a veces "menos es más" tiene más validez que "mejor que sobre y no que falte" ¿eh?. Volviendo y dejandome de joder con mis comillas, frases hechas y demases, me pongo serio.
Tampoco a la pavada. El elemento que abunda durante todo el metraje es justamente el que mencionaba antes como innovador: tras la pérdida del hijo, la situación se bifurca. El hombre, un magnífico Willem Dafoe, no parece tener problema aparente (al menos en el largo plazo) en superar su muerte. Por su parte, la mujer, una maravillosa Como-Se-Llame (me da fiaca buscar) cae en un pozo del que parece que no va a volver a salir. Y desde este punto de partida comienzan a salir a la superficie todo tipo de cuestiones, interrogantes, planteos en cuanto al rol que ocupa cada uno en la tríada familiar, sintetizada en la intro con el primer plano de las estatuillas de "Los tres mendigos". Sobre el rol del padre, el cual aparece casi como un simple observador, que no sufre demasiado la pérdida, cuya eterna arrogancia lo llevan a creer posible tratar a su propia esposa como terapeuta, cosa que un poco le hacía guiños a "Persona" de Bergman.
A la par, la mujer, el plato más fuerte, es la que más sufre la pérdida. Pero además, a mi entender, su papel es clave por muchos motivos. Se a acusado de misógina la película, pero en realidad, si esto es misógino, tendríamos que acusar de misoginia a tragedias como "Las Bacantes" de Eurípides, o a los grandes mitos dionisiacos que se pueden encontrar por doquier.
En principio, es cierto que en el film, la mujer es aquella que sufre la confrontación con la naturaleza y al ocurrir esto, como explica Freud en su teoría sobre la civilización, o como explica Nietzsche en su escritos sobre los dos polos del humano; dentro de lo natural, para nosotros, los seres humanos, la vida sería imposible por la pérdida de todo rastro de civilización. Las leyes naturales gobiernan con fría crueldad y allí todo el ser está expuesto. Como mencionaba Nabokov en la cita que abre la entrada, si no tenemos esa película de carne que nos envuelve, estamos perdidos, estamos sujetos a la exposición total frente a lo natural. De alguna forma esa película que nos envuelve, aisla y protege de nuestra destrucción, no es sólo física, sino que viene dada por el lenguaje, por lo simbólico. Rasgo distintivo en nosotros por exclenecia.
Ahora bien, el interrogante más importante que me suscitó a mi particularmente la película es el siguiente: ¿Por qué este Gran Danés desalmado de Von Trier entró en celo y arrasó con la zona de Parque Chas? CUAK. No perdón, deja vu de Cha Cha Cha estilo crónica tv ji ji. No, ahora en serio: Por qué Von Trier decide poner en el personaje femenino todo el peso de esta confrontación, está exposición caótica entre la naturaleza y ella? Evidencias no faltan. Se van al medio de la nada, a una cabaña en medio de un bosque llamado (oh! casualidad!) Edén, y la tipa, en una palabra, (y el tipo al final también) pira totalmente: se va a hacer la paja acostada en el medio del pasto, frente a un árbol en el cual se realiza un fundido donde aparecen manos y pies que emergen de la superficie como las raíces del tronco del mismísimo árbol. Entonces, la pregunta es: ¿por qué la mujer y no el hombre? ¿por qué la mujer lleva el peso de ese abismo de locura, caos, desesperación y todos esos términos que Lars mismo se encargó de llevar a la literalidad titulando así a cada capítulo?
Bueno, según lo que él mismo nos muestra, la madre, al ser la progenitora por excelencia, es decir, por ser él único ser que lleva al hijo en el vientre, y que a pesar de estar atravesada por la palabra y el lenguaje, al mismo tiempo debe soportar el milagro de la naturaleza en su propio interior, es justamente el ser en el cual más se carnifica esta contradicción. Obviamente, esta es mi interpretación. Lo podemos ver tanto en el ejemplo que di antes, como cuando el hombre mismo ve al ciervo con su cría colgandole y corriendo por el bosque; en la secuencia inicial donde mientras la mujer es penetrada en un tremendo primer plano al tiempo que su hijo pierde la vida, podemos ver como simplemente el papel del hombre es castrador. Es quien crea de alguna forma las interdicciones. El falo es la ley, mientras que en la mujer, lo vaginal según el director, viene a ser como una ruptura en la carne donde la mujer se sale de su propio YO. Al estar más expuesta frente a lo natural, sufre más estas contradicciones. De alguna forma la película nos remite al ditirambo de Las Bacantes, donde la mujer decapita a su hijo. Aquí tampoco es casual que el personaje en cuestión sea una mujer y que el único hombre que intenta meterse en el ditirambo para rescatarla, sea no sólo su hijo, sino además un OBSERVADOR, que para hacerlo debe ir DISFRAZADO, pagando terrible precio por su intromisión, mientras que su madre goza de la locura, de la antropofagia, del incesto, de todo lo que está prohibido. Una vez más: el hombre es siempre observador y cumple los parámetros de la ley, de la máscara, de la palabra. La mujer en cambio esta penetrada por la naturaleza.
Lejos de meterme en la polémica sobre la misoginia de esta película, sin embargo tengo que decir que no estoy de acuerdo, porque finalmente nadie se salva. Al final, reina el caos, el hombre, por más ajeno que se crea, paga, como en Las Bacantes, un terrible precio: de alguna forma debe destruír el horror que ayudó a crear.
Pero lo que parecía prometedor termina derrapando estrepitosamente: animales que hablan, castración y tortura genital explícita e innecesaria, carencia de sutilezas, algún planteo mítico en torno a los astros y no se qué cosa. En su obstinación por mostrarlo todo, Von Trier se deja llevar por sus propios lugares comunes en lugar de ahondar sobre cuestiones mucho más claves como se sostenía al principio. Lo que más me hinchó las pelotas, y esto para mi no tiene perdón, es que le dedicó la película a Tarkovski (y apareció escrito con Y griega, un papelón) maestro absoluto de las sutilezas. Si vivieras Andrei...

2 comentarios:

radar dijo...

pero en definitiva el publico quiere saber, ¿cuantas estrellitas merece esta pelicula? ¿eh?

Martín Tricárico dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.